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Tres Tombs y otras fiestas: ¿tradición o maltrato?

Actualidad marzo 25, 2019

Tres Tombs y otras fiestas: ¿tradición o maltrato?
Exceso de salivación, sudoración excesiva, temblores, nerviosismo, patadas, vocalizaciones o incluso intentos de fuga: reconoce el sufrimiento de los équidos en las fiestas populares.

En Cataluña se celebran varias fiestas populares en las que se utilizan animales. Son fiestas tradicionales que se han realizado de la misma manera durante muchos años, a pesar de que la sociedad esté evolucionando y tenga ahora en cuenta los derechos de los animales por encima de las tradiciones. Lo que antes se veía como una fiesta en la que incluso se honraba al animal, ahora se percibe como una mera utilización del mismo para la diversión de unas pocas personas.

Sólo en España se calcula que, cada año, más de un centenar de animales, principalmente équidos, mueren en eventos en los que son exhibidos ante un público incapaz de percibir su sufrimiento y que sólo pretende pasar un buen rato y disfrutar de la fiesta de su ciudad.

En estas festividades suele haber ruido excesivo de música, orquestas e incluso en ocasiones petardos; los animales son obligados a pisar terrenos donde no están acostumbrados a caminar, con varios tramos donde fácilmente se producen resbalones y donde el objetivo es servir de medio de transporte de jinetes y carruajes, que a menudo exceden el peso recomendable. Todos estos factores hacen que los équidos tengan miedo y se estresen, ya que pertenecen a especies que no están acostumbradas a estímulos de este tipo: algunos entran en pánico y la única manera de controlarlos es infringiéndoles dolor con las espuelas y las embocaduras. Pero aunque estén agotados o heridos, son obligados a continuar el recorrido.

Tanto en casos de maltrato físico directo, observable en algunos desfiles, como en caso de maltrato por falta de condiciones óptimas de mantenimiento y bienestar, está demostrado que los animales sufren. Sufren con el único objetivo de que las personas puedan divertirse en las fiestas populares. Los signos de miedo, agotamiento, ansiedad y dolor son fácilmente reconocibles cuando se dispone de algo de información sobre estas especies: exceso de salivación, sudoración excesiva, temblores, nerviosismo, patadas, vocalizaciones o incluso intentos de fuga. Si entramos en el campo de la etología equina podríamos reconocer estas emociones y el dolor en los asnos, ponis y caballos sólo sabiendo interpretar las expresiones faciales y corporales de los animales. Lo que en cualquier caso está claro y es demostrable es que los animales sufren daños físicos y psicológicos, y un estrés innecesario.

A menudo, las propias asociaciones de los Tres Tombs, piden que haya más control para evitar sucesos como los de Terrassa y Torrelles que pueden afectar directamente la continuación de estas fiestas.

Nuestra sociedad avanza y son cada vez más los municipios dispuestos a proponer unas festividades respetuosas con todos los seres vivos. Sin embargo, todavía nos queda camino por recorrer hasta que la reconversión sea total, sobre todo debido, tal y como comentábamos, a la falta de información por parte de los asistentes.

Estas fiestas no son tradiciones propias y exclusivas de entornos rurales, sino todo lo contrario. Los desfiles más importantes se celebran en ciudades más o menos grandes: Sant Medir en Barcelona o las Cabalgatas de Reyes en algunas capitales de provincia son un ejemplo de ello.

Nuestra opinión es que estas fiestas deben desaparecer, pero ¿Es el boicot el camino más rápido o se debería llegar a ello mediante la obligación de la administración de hacer cumplir las leyes de protección animal? Hoy por hoy es imposible conseguir una prohibición de manera inmediata pero, mientras ésta no llegue, tenemos que intentar proporcionar tanto a los ciudadanos como a las administraciones informes científicos que demuestren el sufrimiento tanto físico como psicológico de los animales. Obligar a las administraciones a aplicar la ley de protección de los animales de manera estricta y, a la vez, pedir a los ayuntamientos que se nieguen a hacerlo que, como mínimo, apliquen protocolos cuidadosos y estrictos que garanticen el máximo bienestar y respeto de los animales.

Seguro que al final, será la misma sociedad, a medida que vaya evolucionando, que en unos años acabará con estas tradiciones.

 

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