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Un caballo cuyo destino era el matadero consigue ser indultado

Actualidad Refugio de caballos del Bages, diciembre 17, 2013

Un caballo cuyo destino era el matadero consigue ser indultado
Rubio, un precioso caballo marrón que nació en una de tantas explotaciones extensivas de caballos para la producción de carne, consigue cambiar su destino gracias a una persona.

Rubio, un precioso caballo que por fin ha podido descansar tranquilo viviendo en el Refugio de caballos del Bages.

Rubio es un caballo de una raza que tradicionalmente se usaba para labrar la tierra, raza heredera de los pesados caballos de batalla medievales. Son caballos de enorme masa muscular por lo que son buenos productores de carne para consumo humano.
Son caballos que durante siglos han ofrecido un fiel servicio a la humanidad y como pasa siempre con los animales, tenemos una pésima manera de agradecérselo.

Rubio nació en una de tantas explotaciones extensivas de caballos para producción de carne. En estas explotaciones enseguida son separados de sus madres y se venden en lotes que apelotonan en camiones para llevarlos a su último destino, el matadero.

A Rubio en cambio lo llevaron a una hípica, junto a varios compañeros suyos, cuando sólo tenía un añito. Pretendían usarlo como caballo de arrastre en unas brutales competiciones en las que reciben golpes y trallazos fuera de la vista del público, pero a pesar de los entrenamientos continuados Rubio no podía arrastrar cargas muy pesadas, sudaba y se le doblaban las rodillas y aunque le pegaban y pegaban no conseguían que trabajara.

Llamaron a un veterinario para que lo visitase y así descubrieron que Rubio padecía una malformación congénita en el corazón llamada cardiomegalia, tiene el corazón más grande de lo normal, por eso el corazón no se contrae con la fuerza suficiente para enviar la sangre a los músculos.

Esta enfermedad firmaba su condena de muerte inmediata, pero por azares del destino allí apareció su Ángel de la guarda, una señora que habiendo visto durante meses su entrenamiento infructuoso y sabiendo el destino que le esperaba decidió comprarlo y automáticamente pidió ayuda al Refugio de caballos. Ella no podía hacerse cargo de Rubio pero sabía que en el Refugio tendría por fin una vida digna y feliz como merecía.

Ahora, después de dos años viviendo en el refugio es un caballo feliz y muy sociable, pide zanahorias a todos los socios y padrinos que van a visitarlo y aparta con su cuerpo al resto de sus compañeros para que ninguno se le adelante.

Rubio por su enfermedad nunca estará en adopción, vivirá en el Refugio como símbolo de los millones de caballos que cada año son sacrificados y maltratados en una sociedad injusta y cruel con los animales.