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Delfinarios

Los espectáculos comerciales de los delfinarios pueden parecer divertidos pero la realidad es muy grave. Existe evidencia científica demuestra que los mamíferos marinos sufren considerablemente en cautividad donde no pueden satisfacer sus necesidades de comportamiento y fisiológicas. Vivir en pequeñas piscinas, sin ningún tipo de enriquecimiento ambiental, les puede provocar estrés y agresividad, reducir sus expectativas de vida y provocar numerosos problemas para su salud.

Muestra de ello es que la mayoría de delfinarios administranValium a sus delfines para evitar que estos muestren comportamientos anormales. Otros delfinarios suministran esteroides a los machos para que no sean agresivos y puedan rendir en los “shows”.

Una vida en un tanque de cemento, dando vueltas constantemente nunca será un sustituto aceptable al vasto océano. Ningún ser nace para vivir encerrado, y los delfines, viajeros incansables, nunca se adaptan a vivir en tanques de cemento vacíos de estímulos. Sus complejas necesidades les hacen inadaptables al cautiverio, por mucho que se intente “enriquecer” su entorno con pelotas y juegos varios. Los espectáculos circenses con estos animales resultan además antieducativos y no existen en los delfinarios programas de investigación y conservación ex situ viables para estos animales.

Se estima que actualmente hay en el mundo unos 1.000 delfines mantenidos en cautiverio. Aunque la mayoría viven en delfinarios y parques acuáticos, también hay delfines en centros comerciales, discotecas, hoteles e incluso algunos ejércitos los utilizan en experimentos bélicos.

 

Aunque debido a la alta mortalidad la cifra es fluctuante, en España hay aproximadamente 90 delfines, 2 belugas y 7 orcas mantenidas en cautividad

Las imágenes de películas y series en que los delfines salvajes simpatizan y ayudan a las personas han creado una imagen distorsionada de ellos. Lamentablemente para los delfines, sus caras muestran un rictus que los humanos pueden asociar a una sonrisa, dando la impresión así de estar felices y bien, pero muchos están deprimidos y estresados, e incluso se pueden tornar agresivos.

Efectos del Cautiverio

Las condiciones de vida de estos animales en cautividad, pueden afectar gravemente a su bienestar tanto físico como psicológico.

Las condiciones artificiales incluyen piscinas de reducidas dimensiones así como luz y sonidos excesivos y artificiales. El agua en que viven también es diferente al agua del mar; consiste en agua dulce y sal con aditivos químicos y en ciertos centros es frecuente la presencia de microbios, algas y otras partículas así como desequilibrios químicos que pueden afectar a los animales. La dieta que se les facilita es distinta a la suya y, al perder el pescado congelado su valor nutricional, se les debe suministrar suplementos de vitaminas. Asimismo la deshidratación de los animales es frecuente ya que el pescado congelado pierde agua, así pues se les debe suministrar el agua que los animales obtendrían de su dieta naturalmente, de manera artificial (inyectándola en el pescado o en bloques de gelatina).

En cautividad raramente usan su sónar natural –un sentido altamente sofisticado que les permite reconocer su entorno, pescar y comunicarse. Al no tener nada que descubrir en las piscinas vacías, suelen dejar de emitir sonidos bajo el agua (sólo realizan los nasales inducidos por el hombre para el espectáculo) y se apoyan más en estímulos visuales. En algunos tanques, el sónar puede rebotar en las frías paredes y los ruidos, como aquellos provenientes de las bombas de circulación, pueden afectar los umbrales de percepción auditiva de los animales. Esto explica porqué algunos cetáceos han chocado contra las paredes de los tanques resultando heridos e incluso muertos.

Al estar privados de variedad en un entorno completamente vacío, la falta de de cosas para hacer les aburre y no tienen suficientes estímulos ni hacen suficiente ejercicio. El estrés tanto social como físico les hace más propensos a sufrir enfermedades y deben ser suministrados con medicamentos de manera rutinaria.

En la naturaleza estos animales viven en grupos de entre 15 y 60 individuos con lazos sociales muy cohesionados y duraderos, especialmente entre las madres y sus crías, y algunos que duran toda la vida. Cooperan entre sí para pescar e incluso se ayudan cuando uno lo necesita. En cautiverio, se juntan delfines de distintos orígenes -extraños entre sí- creando grupos sociales totalmente artificiales que no les permiten establecer una jerarquía. Esto puede llevar a problemas de socialización, al desarrollo de guerras de dominio, y a comportamientos agresivos entre ellos debido al estrés. Para mantenerlos calmados a veces se les suministran tranquilizantes u hormonas.

En la naturaleza, los cetáceos son animales activos; nadan entre 95 y 160 km al día y a velocidades de hasta 45 km/hr los delfines y 56 km/hr las orcas, sumergiéndose a varios metros de profundidad y pasando sólo un 15% de su tiempo en la superficie. Nadan incluso cuando duermen, siempre alerta y en movimiento. Así pues no es difícil imaginar el sufrimiento que el confinamiento, en pequeñas y poco profundas piscinas y sin ningún tipo de enriquecimiento ambiental, implica para ellos.

Algunos cetáceos en cautividad muestran comportamientos estereotipados, que son aquellos observados en los animales en cautividad y que se llevan a cabo de manera reiterada y sin finalidad aparente. En delfines y orcas, los más frecuentes son el nadar en círculos de manera repetitiva, o flotar en la superficie sin moverse y de manera letárgica durante largos periodos de tiempo. También, y sobretodo en grandes cetáceos como orcas u orcas negras, es común que muerdan los barrotes metálicos de sus tanques y las paredes o que froten sus barbillas en los muros de cemento, pudiendo romperse los dientes o provocarse graves heridas.

El estrés y la angustia fisiológica que sufren estos animales en cautividad, les pueden causar neurosis y úlceras, aunque también se pueden observar vómitos, aumento de la susceptibilidad a enfermedades e incluso la muerte.

 

Capturas

Debido a la alta mortalidad de los cetáceos en estas condiciones, la población cautiva es insostenible para mantener esta creciente industria. Es por esta razón que se están intensificando las capturas de delfines salvajes para suministrar a estos centros. A menudo para esquivar la legislación que limita estas prácticas, se recurre a lugares "de paso" para declarar que no provienen directamente de la naturaleza.

Las capturas se llevan a cabo brutalmente y sin estudios adecuados que determinen si las poblaciones pueden soportar estas presiones. Al ser los cetáceos animales altamente sociales, la captura de un solo individuo puede afectar profundamente las estructuras sociales de la manada y la población entera. Los delfines que no son capturados pueden morir del shock y del estrés provocados por el acoso al que son sometidos los grupos, víctimas por ejemplo de miopatías que provocan fallos cardíacos. Más tarde, algunas hembras embarazadas pueden abortar sus fetos o las madres pueden dejar de lactar muriendo así sus crías. El estrés que supone capturarlos, separarlos de sus grupos y colocarlos en pequeños tanques en que tan sólo pueden nadar en círculos les deprime y debilita, llevando a la muerte a muchos ejemplares durante los primeros días de su captura. Otros mueren a consecuencia de traumatismos e infecciones provocadas durante el acoso.

Aunque algunos sean nacidos en cautividad, estos animales salvajes mantienen sus fuertes instintos y sufren igualmente en los delfinarios que aquellos capturados de la naturaleza. Además, el hecho que sean nacidos en cautividad no es razón para desposeerlos de sus derechos como seres vivos con grandes capacidades cognitivas.

 

Mortalidad

Diversos estudios demuestran que los delfines tienen una esperanza de vida inferior en cautividad que en libertad. En la naturaleza, la esperanza de vida de los delfines es de unos 50 años, mientras que en cautividad su mortalidad es del 60%.

Aunque los delfines en cautividad rara vez viven más de 20 años, los que más tiempo han vivido en cautividad cómo mucho lo han hecho el mismo tiempo que sus homólogos en la naturaleza. Estos casos no hacen más que demostrar que el estrés que les provoca la cautividad es igual de mortal que los peligros de estos animales encuentran en la naturaleza: depredadores, escasez de alimentos, parásitos o amenazas provocadas por el hombre, como la polución – y debemos tener en cuenta que en estos centros reciben cuidados veterinarios que en la naturaleza no tendrían.

Las orcas en cautividad mueren a un ritmo 2,5 veces más frecuente que en la naturaleza. Mientras en la naturaleza pueden vivir hasta 70 años los machos y 90 años las hembras, en los delfinarios nunca pasan de la adolescencia. Las orcas no pueden adaptarse a las condiciones social y físicamente artificiales de los acuarios.

La principal causa de muerte de estos animales en cautividad son las infecciones bacterianas (como la neumonía- un fallo respiratorio). Otros motivos de muerte pueden ser por asfixia al ingerir objetos extraños, por agresiones de otros animales, e incluso por comportamientos auto-destructivos (tendencias suicidas) u otras enfermedades como la septicemia, la tuberculosis o el virus del Nilo Oeste. El estrés agudo crónico o frecuente, predispone a los animales a sufrir problemas al provocar, por ejemplo, inmunosupresión (que aumenta su susceptibilidad a enfermedades).

El número de delfines mantenidos en cautividad en Europa es fluctuante ya que es frecuente la muerte y reposición de los individuos. Como las muertes de crías de menos de un año no se contabilizan y existe una alta mortalidad postnatal, el número total de animales muertos en estos centros se mantiene oculto a la luz pública. La cría de beluga que nació en el Oceanográfico de Valencia, por ejemplo, murió a los 25 días de nacer. De los más de 13 delfines nacidos en el Zoo de Barcelona entre los años 80 y 2000, sólo 4 lograron pasar el destete, Inuk, Blau, Tumay y una hembra vendida al Zoo de Lisboa. Algunos de éstos ya han muerto, así como sus progenitores.


Conservación

La mayoría de los centros que mantienen cetáceos en cautividad afirman jugar un papel en la conservación de estas especies. Sin embargo, apenas se ha realizado ninguna investigación viable en los delfines cautivos que pueda contribuir a las iniciativas de conservación. ¿En qué contribuyen los espectáculos circenses a la conservación? ¿Por qué presiona la industria del cautiverio a la Comisión Internacional Ballenera para que no apruebe leyes que protejan a los pequeños cetáceos?

Las mismas captura de animales de la naturaleza que se realizan para suministrar a esta industria, afectan a las poblaciones salvajes y ponen en peligro la conservación de las especies. En 2004, España permitió la primera importación de orcas a la UE en 10 años. Aunque importados con un permiso de cría en cautividad para su conservación, estos animales participan en espectáculos circenses al son de la música de discoteca.

La endogamia es también muy frecuente en estos centros. Además de inseminar artificialmente a hembras demasiado jóvenes para criar, es frecuente cruzar animales con parentescos familiares con los problemas de salud que pueden conllevar además de reducir la variedad genética necesaria para proyectos de conservación.

 

Ataques

Delfines y orcas son animales peligrosos y el conflicto constante entre sus instintos y las condiciones de vida impuestas por el cautiverio, les pueden tornar agresivos resultando en ataques a las personas.

Los ataques de estos animales a personas en la naturaleza son pocos y en general las personas no han resultado heridas, ya que los animales las han soltado al darse cuenta de que no eran una presa. En las pocas ocasiones en que los ataques han sido graves se ha debido a que los humanos estaban acosando, molestando o tratando de interactuar con los animales.

Sin embargo, si se han dado numerosos casos de ataques en cautividad. En 2010, una orca mató a su entrenadora en Orlando, EUA. En España, una orca de Loroparque, en Tenerife, también mató a uno de sus entrenadores. Asimismo, un delfín atacó a su cuidadora en la cara en el Oceanográfico de Valencia demostrando que son animales estresados, por lo tanto pueden ser agresivos, al contrario de lo que su engañoso rictus facial pueda indicar.

Criticismos

Es significativo que los principales críticos de la manutención de cetáceos en cautividad y de los espectáculos que los utilizan, sean personas que en un pasado han trabajado para la industria del cautiverio.

Richard O’Barry, el ex-entrenador de los delfines que representaban al delfín Flipper en la conocida serie televisiva, dedica ahora su vida a luchar contra los delfinarios a través de la entidad The Dophin Project. Asimismo, Albert López, ex jefe de entrenadores de mamíferos marinos del Zoo de Barcelona, ex responsable del Delfinario Oltremare y ex consultor del Acquario di Genova, ambos en Italia, admite que los delfines en los parques acuáticos están “francamente mal” y que “si actúan durante los espectáculos es por hambre”. Asimismo, López desmiente la supuesta función educativa y de conservación que alegan las empresas propietarias de estos centros como finalidad de sus establecimientos y espectáculos. En la actualidad, Albert López coordina el Proyecto NINAM, una plataforma de estudio de cetáceos que desarrolla censos en la zona de Cap de Creus y trabaja en la sensibilización y educación ambiental a través de los avistamientos. Su propio nombre (NINAM) es un tributo a cinco de los delfines de Zoo de Barcelona (tres de ellos - incluyendo la tan publicitada Nereida - ya muertos) y quienes no podrán retornar jamás al mar.


¿Qué puedes hacer tú?

* Dejar de asistir a espectáculos con animales.
* Informar a quién conozcas de la situación de sufrimiento en la que viven estos animales.
* Hacerte socio de alguna asociación que trabaje para erradicar estas prácticas.

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