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Fiestas - Tauromaquia

Animales implicados

Vacas, Caballos, Toros

Alcance de la problemática

Internacional

Ámbito de actuación de FAADA

Cataluña

Descripción

Todos los toros utilizados en los festejos taurinos son de la misma especie que cualquier otra vaca: Bos taurus taurus. De todos los argumentos sobre la tauromaquia, para posicionarse en contra de las corridas de toros y otras actividades similares, el principal es que aunque sean utilizados para la lidia, los toros tienen las mismas características físicas y necesidades biológicas que cualquier otro toro y por lo tanto, la misma capacidad de sufrimiento. En España, pero también en otros países, todavía se realizan espectáculos varios en los que se martiriza a estos animales antes de su sacrificio.

La tauromaquia es un sector que está en decadencia. Cada vez acuden menos espectadores a las plazas y, de hecho, menos de la mitad de las plazas de toros que existen en la Península Ibérica ofrecen algún tipo de festejo en este sentido. Según datos del Ministerio, en 2015 se realizaron 1.736 festejos (22.7% corridas de toros, 30.9% novilladas y 10.3% becerradas), que se concentraron en un 78.3% en Andalucía, Castilla y León, Castilla la Mancha y la Comunidad de Madrid. Al tratarse de una actividad legalizada y que cuenta con el apoyo del gobierno nacional, se considera que las personas que se dedican a realizar estas matanzas son profesionales y, como tales, se mantiene un registro de ellos. En 2015 había 10.481 profesionales inscritos (820 matadores, 3.083 novilleros, 401 rejoneadores, 2.893 banderilleros, 176 toreros cómicos y 3.108 mozos de espada), un número que va en aumento con los años ya que todavía se tienen en cuenta los matadores de más de 65 años e incluso aquellos que no participan en ningún festejo. El 97% de los inscritos son hombres. Existen unas 55 escuelas taurinas, localizadas principalmente en Andalucía y Castilla la Mancha.

La Unión Europea aún destina subvenciones a esta actividad, a través de fondos de la PAC (Política Agraria Común) y FEDER (Fondos Europeos de Desarrollo Regional), como por ejemplo, la subvención de las ganaderías que proporcionan los animales. En España existen 1.341 empresas ganaderas de reses de lidia, aunque tan sólo un tercio de ellas aporta realmente animales para estos festejos. De hecho, a pesar de que la conservación de las dehesas se utilice como excusa para mantener las ganaderías, éstas tan sólo ocupan el 10% del paisaje considerado como dehesa.

En España, tan sólo Canarias en 1991 y Cataluña en 2010, han prohibido las corridas de toros.

De acuerdo al reglamento de espectáculos taurinos (Real Decreto 145/1996), la clasificación de los distintos festejos se hace según la edad o peso del animal: corrida de toros (toro de 4-6 años y más de 410 Kg de peso), novillada con picadores (animales de 3-4 años y máximo 540 kg de peso), novillada sin picadores (animales de 2-3 años), becerrada (animales de menos de 2 años). Cuando los toros o novillos se lidian a caballo se considera “rejoneo”. También existe la modalidad de “festival” o “festejo mixto” e incluso el “toreo cómico”, en el cual no se clava nada ni se hiere físicamente a los animales, pero se les mata al finalizar el espectáculo. En el caso de las becerradas, pueden participar también personas aficionadas, necesitando tan sólo a un profesional registrado como responsable. El reglamento permite el indulto del toro, es decir, que no se le mate en la plaza y se devuelva a su ganadería, pero esto sucede en menos del 1% de los casos y los animales regresan en condiciones deplorables. El reglamento no menciona en ningún sitio aspectos sobre el sufrimiento del animal, maneras de protegerle o infringir menos dolor, ni se habla de bienestar animal. En cuanto a los caballos que participan, tan sólo se contempla que lleven peto.

Independientemente del tipo de festejo en el que vayan a participar, los animales deben ser transportados de forma individual desde la ganadería de origen hasta la plaza (que puede ser fija o portátil) o hasta el lugar donde se les soltará. Los toros pueden padecer las consecuencias del exceso de calor, hambre y sed durante el transporte en el remolque. El aislamiento repentino al que son sometidos también afecta a su estado mental, que suma estrés al hecho de encontrarse en un lugar nuevo.

Además de los distintos tipos de festejos mencionados, el informe de Estadísticas del Ministerio calcula que en 2015 se realizaron en España 16.383 festejos muy variados en los que se “juega o corren reses”.

Corridas de toros y novillos

Se realizan en plazas fijas o portátiles, soltando a los toros de uno en uno para “lidiarlos”.

El espectáculo se divide en tres partes: el tercio de varas, durante el cual el picador clava las puyas con el objetivo de debilitar al toro; el tercio de banderilla, durante el cual se clavan las banderillas al animal con el objetivo de avivarle; y el tercio de muerte, en el que se le torea hasta darle la estocada y puntilla final.

Las puyas (unas 14 por toro), van montadas en varas formando garrochas de 2.5-2.7 metros de longitud y se clavan en la zona de la espalda. Provocan al toro heridas profundas de hasta 20-22 cm, le rompen la musculatura de la zona, seccionan los tendones y vasos sanguíneos e incluso causan rotura de estructuras óseas. Las banderillas (4 normales y 2 de castigo), de unos 75 cm de longitud, se clavan en la zona ya lesionada por las puyas, provocando un dolor aún más intenso en la herida abierta, y se quedan clavadas colgando. El estoque, de 88 cm, debería penetrar en el tórax en una zona muy concreta para que su efecto fuese instantáneo, pero generalmente acaba produciendo una lenta agonía al animal, que no cae. Por eso, se procede al uso de una espada de unos 10 cm de punta que se introduce en el cuello del animal para causarle una paresia total y poder así proceder a clavarle la puntilla (cuchillo de 10 cm que secciona el centro nervioso), que supuestamente acaba con su vida. Sin embargo, en ocasiones el toro sigue vivo después de todo esto y se le corta el rabo, las orejas y se le arrastra fuera de la plaza siendo todavía consciente y sufriendo dolor.

Los caballos suelen ir con los oídos protegidos para evitar que el sonido les estrese y se desesperen, y, a pesar de que lleven puesto el peto a modo de armadura, en ocasiones el toro les acaba provocando heridas incluso muy profundas.

La sangre, las heridas evidentes y la violencia explícita parecen no ser motivo suficiente como para legislar en contra de estos espectáculos. Tan sólo Canarias en 1991 y Cataluña en 2010, han prohibido las corridas de toros.

Cabe hacer hincapié en que en las becerradas, el sufrimiento puede ser incluso mayor. Por un lado, se trata de toros de menor edad y constitución y, por otro, son aficionados los que hieren a los animales: al tener aún menor capacidad para acertar los lugares que deberían provocarles una muerte rápida, tienen que repetir la inserción de los instrumentos multitudes de veces.

Encierros

Este tipo de espectáculo es de los más comunes en España, realizándose en muchísimos municipios de forma regular. El más conocido, sin embargo, es el de las fiestas de San Fermín, en Pamplona. Todos los encierros son de toros y son peligrosos, incluso para la gente que participa.

Los encierros consisten en dejar sueltos a varios novillos, cabestros (toros castrados que se consideran mansos) o vaquillas (vacas de 2-4 años) por el territorio urbano, para que los participantes les persigan en un recorrido establecido que suele acabar en la plaza de toros.

En la Comunidad Valenciana y Cataluña se les denomina “bous al carrer” o “correbous”. También en otros municipios es típico que se les llame “toreo de vaquillas” o “capeas”: en esta modalidad se agreden y persiguen a los animales dentro de una plaza de toros o recinto cerrado.

Durante la persecución, es frecuente que los participantes agredan a los animales, dándoles patadas, golpeándoles, tirándoles objetos e incluso mediante el uso de descargas eléctricas. Los animales, en su intento de huida y muy estresados debido al miedo, pueden resbalar, caer agotados o sufrir colapsos y ataques al corazón. Pueden fracturarse los cuernos y lesionarse las patas al caer, así como desnucarse y acabar con heridas en cualquier parte del cuerpo debido a los golpes producidos por las personas o al chocarse contra las paredes y el mobiliario urbano.

Toro de la Vega

Esta competición se celebra en Tordesillas, Valladolid anualmente y consiste en la persecución del toro seleccionado por parte de decenas de participantes que le tiran y clavan lanzas de unos 33 cm, hasta conseguir que el animal caiga y muera. Desde 2016, en el Toro de la Vega se ha prohibido la muerte del animal durante el curso del torneo, aunque el proceso previo se sigue celebrando.

Toro enmaromado

En este festejo, que se celebra en Benavente, Zamora y también en otros municipios españoles, se suelta un toro para las fiestas populares, al que se ata una cuerda en los cuernos para que los participantes puedan ir tirando de él o agarrándose por las calles del municipio y hasta el matadero, donde el animal es sacrificado. El sufrimiento físico y psicológico es consecuencia del estrés evidente de tener que recorrer las calles perseguido por tantas personas, los petardos que se lanzan al iniciar el recorrido y las lesiones provocadas en los músculos del cuello y en la base de los cuernos a los fuertes tirones continuos de la soga que llevan atada.

Toro de San Juan

Durante una semana, en Coria, Cáceres, se sueltan por las calles a seis toros, para que los participantes les persigan y golpeen mientras corren junto a ellos durante dos horas. Aunque antiguamente también se les lanzaban dardos, todavía se acosan a estos animales hasta llegar a la plaza donde se les pega un tiro para matarles.

Bous a la mar

Esta fiesta tradicional española se celebra en Denia, Alicante. En este caso, se suelta a la vaquilla para que los participantes la persigan hasta el mar. Cuando el animal cae al agua, se le saca atándole por los cuernos (sin ningún cuidado por lo que se refiere a cómo sujetarle) y se vuelve a empezar la persecución, hasta que el animal llega a morir agotado o ahogado. Vídeo de PACMA.

Toros embolados

Se realiza esta modalidad de fiesta popular en diversos municipios de España. En primer lugar se sujeta al animal, atándole cola y patas con cuerdas, para poder colocarle en los cuernos un artilugio con antorchas que se prenden con fuego. A continuación se le suelta para que corra por las calles, en ocasiones incluso encendiendo petardos. El animal entra en pánico, mueve la cabeza para huir del fuego y se golpea contra las paredes. Sufre además las quemaduras en la cabeza y en los ojos provocadas por las chispas. Estos animales generalmente no son sacrificados y pueden llegar a utilizarse de nuevo en el mismo tipo de espectáculo.

En el toro “de júbilo”, que se celebra en el municipio de Medinaceli, Soria, sí se mata al toro para después comérselo.

Más información y evidencia científica sobre el sufrimiento de estos animales en la web de la Asociación de Veterinarios Abolicionistas de la Tauromaquia y del Maltrato Animal AVATMA.

 

Actuación FAADA

A nivel estatal

  • Difundimos campañas de concienciación que pretenden acabar con estas prácticas.
  • Concienciamos a las personas para que vean la crueldad que existe tras este tipo de entretenimiento.

 

¿Qué puedes hacer tú?

  • Elige no asistir a festividades o espectáculos donde se utilice el sufrimiento animal como entretenimiento.
  • Escribe a tu ayuntamiento para pedir que no permita el uso de animales en las fiestas y pide el apoyo de familiares, amigas o vecinos.
  • Difunde las campañas dirigidas a acabar con estas prácticas en tus redes sociales.

 

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