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Elefantes explotados en el turismo y COVID-19: una tragedia anunciada

Actualidad abril 13, 2020

Elefantes explotados en el turismo y COVID-19: una tragedia anunciada
Tras el desplome del turismo en Tailandia, muchos animales podrían acabar muertos, vendidos a zoológicos o empleados ilegalmente para la tala de madera.

Mal alimentados y constantemente encadenados: esta es la dramática situación de los elefantes utilizados en la industria turística tailandesa durante el brote del coronavirus COVID-19. Según advierten varias entidades de protección animal locales, muchos animales podrían acabar muertos, vendidos a zoológicos o empleados ilegalmente en la industria de la tala de madera.

Antes del virus, la vida de los casi 4.000 elefantes del reino empleados en el turismo ya implicaba graves problemas: tal y como desde FAADA hemos indicado en varias ocasiones, los animales eran entrenados con métodos abusivos, forzados a cargar grandes pesos, a bañarse con turistas y a exhibirse en espectáculos incompatibles con su fisonomía y naturaleza.

En febrero, las llegadas de visitantes chinos, que representan la mayoría de los 40 millones de turistas de Tailandia, se hundieron en más de un 80% al cerrar China las ciudades afectadas por el virus y al prohibir los viajes al extranjero. Para marzo, las restricciones de viaje a Tailandia ya se habían extendido a los países occidentales.

Ahora que el turismo y la llegada de visitantes a Tailandia se han paralizado por completo, la vida de estos elefantes se ha vuelto todavía más miserable: las imágenes aéreas de varios campamentos de elefantes de Chiang Mai, centro turístico del norte del país, muestran filas de animales atados a postes de madera, algunos visiblemente angustiados, meciendo la cabeza de un lado a otro. Mantener a estos grandes animales es caro y la falta de ingresos está limitando y afectando su alimentación, algo que, como es lógico, podría tener consecuencias físicas a largo plazo. Los salarios de los mahouts que cuidan de los animales también han sido recortados en un 70%.

Así que el temor es que, a pesar de que una ley en vigor desde hace 30 años prohíba el uso de elefantes para el transporte de madera, estos elefantes acaben explotados pronto en actividades de tala ilegal a lo largo de la frontera entre Tailandia y Myanmar. Otros podrían ser enviados a zoológicos locales, algunos de los cuales son considerados entre los peores del mundo, o forzados a mendigar en las calles. Por supuesto, después de años de explotación en cautividad y padeciendo muchos de los animales graves patologías, su reinserción en la naturaleza es totalmente inviable.

Es otro giro en la saga de la explotación de los elefantes, algo que nos proporciona nuevos motivos para reclamar el fin del uso de los animales para el turismo y la industria del entretenimiento en general. Porque no podemos olvidar que estos elefantes, muchos de los cuales fueron capturados del estado salvaje, jamás deberían haber entrado en los campamentos que ahora ya no tienen los medios para alimentarlos ni para ofrecerles la atención veterinaria que necesitan. 

Las entidades locales de protección animal están pidiendo al gobierno que financie los campamentos afectados para así garantizar el bienestar de los elefantes que en ellos viven. Desde FAADA estaremos pendientes de la situación y, como siempre, os iremos informando.

Fuentes: Daily Mail / The Thaiger

 

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