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El triste destino de los coipús en Girona: la administración solo plantea su sacrificio

Actualitat Girona, gener 26, 2026

El triste destino de los coipús en Girona: la administración solo plantea su sacrificio
Desde FAADA reclamamos más recursos para desarrollar alternativas no letales en la gestión de especies consideradas invasoras.

En los últimos días ha comenzado en Girona la primera campaña del año de captura de coipús mediante jaulas trampa instaladas en distintos puntos de los ríos Ter y Onyar. La actuación forma parte de un proyecto de control de especies “invasoras” impulsado por la asociación ambientalista La Sorellona, financiado por la Generalitat de Catalunya y con la colaboración del Ayuntamiento de Girona. El destino de los animales capturados será, una vez más, el sacrificio.

El coipú (Myocastor coypus) es un roedor semiacuático originario de América del Sur, introducido en Europa a partir del siglo XIX para su explotación peletera. Su presencia actual en el medio es consecuencia directa de escapes y abandonos procedentes de granjas. En Catalunya, la población se originó a partir de ejemplares llegados desde Francia alrededor de 2010.

Esta especie está catalogada como exótica invasora según el Real Decreto 630/2013, que obliga a las administraciones a su eliminación del medio. Supuestamente, la presencia del coipú se asociaría a daños en la vegetación, la degradación de riberas fluviales y pérdidas en cultivos agrícolas. Su elevada capacidad reproductiva y el clima favorable han facilitado su expansión.

Cuando una especie invasora ya se ha establecido, como ocurre en este caso, la erradicación total resulta inviable. Aun así, las administraciones continúan basando la gestión en campañas periódicas de control poblacional que no tienen en cuenta el bienestar animal y que, año tras año, ¡implican la muerte de cientos o miles de individuos!

Desde FAADA recordamos que existen alternativas no letales para la gestión de poblaciones. La prevención —mediante la restricción del comercio y la importación de fauna exótica— es la herramienta más eficaz, pero llega tarde cuando el problema ya está consolidado. En estos casos, es imprescindible invertir en el estudio y desarrollo de métodos como el control reproductivo mediante anticonceptivos o la captura y traslado a centros especializados que garanticen la imposibilidad de escape y reproducción. Sin embargo, estas opciones apenas se contemplan y carecen de una dotación presupuestaria suficiente.

La introducción de especies exóticas es una responsabilidad exclusivamente humana. Por ello, también lo es la gestión de las consecuencias que se derivan de ello. Los coipús, como otras especies “invasoras”, son víctimas de un sistema que primero los explota y después los elimina. En este sentido, sería razonable que quienes generaron el problema —como las granjas peleteras— asumieran los costes de sus consecuencias, y que Catalunya y el resto de España se planteen prohibir el uso de animales para la peletería, tanto por motivos éticos como por el grave impacto ambiental que esta industria genera.

 

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