Nuestra acción Vallgorguina, mayo 20, 2026
El próximo viernes 22 de mayo está previsto el desahucio de L. y sus 4 perros, uno de ellos, Potter, es un caso reciente del programa Mejores Amigos, el cual presenta graves problemas de conducta. La usuaria lo rescató en una época de mayor estabilidad económica, salvándole la vida. Ahora, se enfrenta a un desahucio que puede dejar a los 5 en la calle.
El hogar no es solo un techo físico, es el espacio de seguridad y el ancla emocional de la familia, si éste se pierde, se altera la identidad, las redes de apoyo, la salud mental y la estructura misma de una familia. ¿Pero qué pasa si además hay animales?
Desde una perspectiva social, los animales no son simples "bienes", sino miembros de la familia multiespecie y su presencia añade una capa de vulnerabilidad. Cuando una familia se enfrenta a un desahucio y hay animales de familia, la situación se vuelve más compleja, tanto a nivel emocional como logístico. Ante esta tesitura no suele haber más que dos opciones: quedar en situación de calle todos juntos o separarse de su animal.
Ante tal realidad, el miedo es tan grande que muchas familias se ven obligadas a rechazar ayudas institucionales debido a que los recursos existentes (albergues, hostales de acogida temporal, pisos tutelados...) no permiten la entrada de sus compañeros.
El caso de Potter y su familia, el cual está siendo gestionado por el programa Mejores Amigos, es el de una mujer con orden de desahucio para el día 22 de mayo que convive con cuatro perros. Pese que está siendo acompañada por educadores caninos especialistas en perros muy complejos y que Potter va mejorando, ¿qué pasará si se quedan los 5 en calle? Si finalmente la mujer accede a un recurso habitacional que no permite el acceso conjunto, los animales serán trasladados a un centro de recogida y al tratarse de individuos adultos, sus posibilidades de adopción son mínimas.
El caso de Potter es el más crítico: al ser un perro adulto, catalogado como potencialmente peligroso y con una conducta muy compleja e imprevisible, su adopción es inviable. Esto lo condena a una institucionalización de por vida en una jaula, generando un gasto público crónico y estructural para el ayuntamiento, lo que encarece exponencialmente el coste total de la intervención y que va a tener un impacto terrible en Potter.
Bajo el marco normativo actual, las administraciones públicas no pueden desentenderse de la realidad de estas familias puesto que si bien desde una perspectiva social, deben responsabilizarse de los animales desamparados de las familias en situación de vulnerabilidad, desde la perspectiva de gestión pública, forzar la separación de la familia no solo agrava el trauma social, sino que traslada una carga financiera directa a las arcas municipales. Si un ayuntamiento se ve obligado a asumir la custodia, el alojamiento y la manutención del animal, está generando un gasto público subsidiario. Por tanto, la prevención del desahucio y el mantenimiento de la unidad familiar no es solo un deber ético, sino una estrategia de eficiencia presupuestaria que el consistorio debe asumir proactivamente.
Además, si la familia busca un nuevo piso con la ayuda de los Servicios Sociales, se topa con que la gran parte de los propietarios privados prohíben expresamente los animales en los contratos, lo que dificulta exponencialmente su reubicación.
El concepto de vulnerabilidad familiar ha cambiado. Hoy en día, una intervención social eficiente debe contemplar a la familia multiespecie. No se puede solucionar el problema de vivienda de un ser humano exigiéndole que rompa el vínculo con su animal, ya que esto cronifica el trauma social y genera un problema subsidiario de bienestar animal.
Este viernes 22 de mayo a las 8:30h
C/ Anoia 22, Vallgorguina (Barcelona)
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