ANIMALES PRIVADOS DE LIBERTAD… Y UNA INDUSTRIA QUE NO SE DETIENE
En septiembre de 2025, España cuenta con 10 delfinarios —8 de ellos activos— que actualmente mantienen un total de 83 cetáceos de tres especies diferentes (delfines mulares, orcas y belugas). Con estas crifras, nuestro país lidera la vergonzosa lista de naciones con más centros de este tipo en Europa.
Dos de estos delfinarios son parques acuáticos, uno de los cuales ni siquiera abre todo el año, lo que demuestra su enfoque exclusivamente lucrativo. Sin embargo, todos están registrados como zoológicos, lo que legalmente debería implicar objetivos de conservación, educación e investigación que simplemente no se cumplen.
Investigación casi inexistente, educación superficial
Solo 3 de los delfinarios de España demuestran realizar activamente alguna investigación científica. Y en congresos sobre cetáceos, su participación es irrelevante.
Los espectáculos, por su parte, dedican menos del 17% del tiempo a educación, y ese tiempo se centra en datos básicos sobre biología. En lugar de concienciar, se utiliza el show para romantizar la relación entre cuidadores/as y animales, presentando una imagen completamente distorsionada de la realidad.
Acrobacias forzadas, música estridente y contacto peligroso
Los cetáceos son forzados a participar en espectáculos con música muy alta, levantar entrenadores, simular bailes, utilizar pelotas o aros e incluso permitir que el público los toque o los bese. En algunos centros se paga hasta 490€ por tener contacto directo con ellos, sin tener en cuenta los graves riesgos de seguridad y sanitarios que esto comporta, ni el impacto psicológico que supone para los animales.
En uno de los casos más alarmantes, incluso es posible ver a cuidadores surfeando de pie sobre los delfines como si fueran tablas.
¿Esto es conservación? ¿Esto es educación?