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El uso de antibióticos en la acuicultura está fuera de control

Actualitat Barcelona, setembre 10, 2020

El uso de antibióticos en la acuicultura está fuera de control
El uso excesivo de antibióticos en el sector ganadero no solo afecta a las explotaciones avícolas, porcinas y bovinas: las piscifactorías también hacen un uso extensivo de ellos, con graves riesgos para la salud humana y el medioambiente.

Según varios estudios, el sector de la acuicultura contribuye ampliamente al fenómeno de la resistencia a los antibióticos, ya que es una práctica común administrar medicamentos a todos los peces criados en cautividad, sometiendo al tratamiento también a muchos animales que no presentan signos clínicos de enfermedad.

En el sector de la acuicultura, al igual que en la agricultura intensiva, el uso excesivo de antibióticos es muy frecuente, especialmente en países menos desarrollados económicamente y más vulnerables al cambio climático. En este caso, el seguimiento insuficiente del uso de estos medicamentos, combinado con el aumento del consumo y a las temperaturas globales, hace que el riesgo de RAM (resistencia a los antimicrobianos) se eleve, reduciendo la efectividad de los medicamentos y comprometiendo el sistema inmunológico de la población.

El creciente consumo de pescado conduce al aumento del uso de antibióticos

Según estimaciones de la FAO, la producción mundial de pescado alcanzó aproximadamente las 179 millones de toneladas en 2018. El consumo mundial de estos animales alcanzó un nuevo récord de 20,5 Kg per cápita por año y se espera que llegue a los 21,5 Kg en 2030. En 2017, el 34,2% de las poblaciones de peces se clasificaron como biológicamente insostenibles, es decir, se confirmó que eran pescadas con métodos y ritmos que determinan el declive de su diversidad biológica. Este valor alcanza el 80% en el Mediterráneo, el mar más explotado del mundo.

Dada la creciente demanda de productos pesqueros y las terribles repercusiones de la sobrepesca en los mares, la piscicultura es un sector en auge: los “productos” de acuicultura ya representan el 46% de la producción mundial y el 52% de todo el pescado destinado al consumo humano.

Según un estudio del Centro Común de Investigación (JRC) de la Comisión Europea, los métodos de acuicultura extensiva han dado paso a los semi-intensivos e intensivos, que se consideran más productivos y a diferencia de los primeros, donde los peces son capaces de alimentarse solos, les proporcionan piensos a través de los cuales se administran los fármacos necesarios para la supervivencia de los animales. La industrialización de la acuicultura implica, de hecho, el empeoramiento de las condiciones de vida de los peces, como una densidad demasiado alta y el deterioro de la calidad del agua, factores que llevan a la propagación de enfermedades.

Una planta de acuicultura necesita toneladas de medicamentos, entre antibióticos, algicidas, herbicidas, desinfectantes e insecticidas, porque el hacinamiento en el que viven los peces es tal que casi siempre están cubiertos de piojos, algas y parásitos. En este sentido, el pasado mes de julio el estado de California decidió matar a 3,2 millones de truchas para detener la propagación de una infección bacteriana que había afectado a peces criados en diversas plantas de la región.

El peligro detrás de la falta de seguimiento

Un obstáculo importante para la gestión de los antibióticos en este sector es la falta de datos de los países asiáticos, la zona con mayor número de pescadores y piscicultores (85% del total). Lo que sí se sabe con seguridad es que aquí se utilizan muchos más antibióticos que en la agricultura intensiva basada en tierra.

Un estudio de 2015 de hecho, estimó que la producción de pollo usa 148 mg / PCU (population correction unit) de antibióticos, mientras que la de carne de cerdo tiene un promedio de 172 mg / PCU. Si consideramos en cambio el del salmón chileno, veremos que la estimación llega a 1.400 mg / PCU.

Además del salmón chileno, las producciones pesqueras que utilizan mayores cantidades de antibióticos son las de camarón asiático. Según el Coller FAIRR Protein Producer Index 2019, un estudio realizado en 2017 sobre la producción de camarón de China encontró que el 52% de las muestras analizadas contenían residuos de antimicrobianos y en el 10% de los casos los residuos superaban los límites legales.

No es casualidad que Estados Unidos sea muy cuidadoso con el tema. Los EEUU importan el 70% de su pescado de Asia y la mitad proviene de piscifactorías. Sin embargo, cada vez más a menudo el país se niega a importar camarones asiáticos debido a su contaminación con antibióticos ilegales.

Efectos sobre el medio ambiente

Según un estudio publicado en Nature, alrededor del 80% de los antibióticos contenidos en los piensos administrados en las piscifactorías se diseminan en el entorno, donde permanecen durante meses en concentraciones suficientes para ejercer una presión selectiva sobre las bacterias presentes y favorecer el proceso de resistencia a los antibióticos.

También es más probable que se introduzcan antibióticos en el entorno de las piscifactorías que en las granjas terrestres intensivas. Además de la práctica ya mencionada de administrar antibióticos a toda una población de peces aunque solo una pequeña parte esté enferma, otro de los aspectos que facilita el fenómeno es el hecho de que cuando están enfermos, los animales tienden a no tener apetito y por lo tanto no comen los alimentos que contienen los medicamentos. Así que estos residuos dispersos y no utilizados acaban en el medio ambiente, promoviendo una vez más el desarrollo de resistencia a los antibióticos.

Un círculo vicioso

Varios estudios muestran que cuando se encuentran en ambientes más cálidos, los peces enfermos tienen una tasa de mortalidad más alta que los que viven en mares más fríos. Este es un factor clave, porque son precisamente los países más expuestos al cambio climático, como los del sudeste asiático, los que crían la mayor cantidad de peces.

A medida que los océanos se calientan, se espera que estos países consuman más antibióticos para seguir satisfaciendo la creciente demanda de productos del mar. Esto a su vez conducirá a un agravamiento del fenómeno de la resistencia a los antibióticos, con un peligroso impacto en la salud humana.

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Fuente: Essere Animali

 

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